lunes, 29 de noviembre de 2010

Anécdota

Estando en el puesto de diarios donde trabajo, en San Isidro, y sin nada que hacer a veces me quedo mirando a la gente que pasa, esos momentos son cuando no pasa nada, o sea, no viene nadie. A veces es diferente, puedo estar ocupadísima atendiendo sin parar a una persona detrás de otra o tener que soportar a los locos que vienen a molestar. 
Creo que los locos se dividen en 3 categorías; los que realmente no están cuerdos, los que directamente son mala onda y los que tuvieron un mal día. Para los que tienen el ojo entrenado es fácil verlos ni bien se detienen delante de las revistas exhibidas, uno ya se da cuenta con que intenciones viene cada persona, sin embargo, aun para aquellas personas con experiencia a veces es difícil distinguir a una persona con problemas mentales, salvo que los delate la apariencia (ropa en mal estado y sucios), por que son personas que creen lo que dicen o piensan y no es un estado pasajero lo que tienen. 
Me ocurrió un viernes, era cerca del medio día, estaba ocupada en lo mío, cuando levante la mirada ahí estaba, mirando las revistas de decoración, continúe en lo mío pero mirando la de vez en cuando. Era una mina que estaría alrededor de los 35, la escuche quejar se del precio que tenían las revistas y que por dicho motivo tendría que llevar una que no le gustaba mucho pero que era barata. Se acerco a donde estaba sentada y se quejo de que la revista tenía tierra, yo la agarre y la pase boca abajo sobre los diarios para quitarle la tierra y me mira ofendida preguntándome si tenia que hacer lo mismo con sus manos ¿que por que no le ofrecía un trapo para limpiarse las manos? Debo admitir que casi dejo escapar una sonrisa como diciendo “hace lo” pero le di la servilleta que deja mi jefa en el puesto pero que no suelo usar por que esta mas sucia que las revistas. Se limpia las manos y antes de irse ofendida me dice que soy re vulgar. Antes de que se aleje demasiado y agradeciendo que el ruido de los autos se detuvo por escasos minutos le dije en voz muy alta y con la mejor onda posible “¡Gracias señora, que tenga un buen día!” 
Me dejo con un mal gusto en la boca esa estúpida. Intente calmar me pero fue difícil, creo que habré tardado como una hora en poder volver a estar tranquila. Cuando por fin pude lograrlo apareció la 2° loca. 
Esta parecía normal (con mal gusto para vestirse), hablaba en vos baja, al principio me costo escucharla no solo por los colectivos sino porque creo que me estoy quedando sorda de tanto 60 que pasa. 
- Disculpa ¿conoces una tienda que venda carteras? 
Yo pensé automáticamente en una que estaba a una cuadra de la estación 
- Si, llegas hasta la esquina cruzas para enfrente y agarras derecho por la principal, pasando la estación, en la primer esquina hay un lugar donde venden carteras 
- Estoy buscando un lugar que vende carteras y también ropa 
- ¿No sabes la dirección? 
- No, lo vi en una foto en el face book de mi novio 
Lo único que pensé después que me dijo eso fue que el novio la engañaba, yo todavía no me daba cuenta de nada 
- Mira, te conviene probar por la calle principal, por acá, en la avenida, solo vas a encontrar locales que venden electrodomésticos 
- No, no, es un lugar que tiene las carteras en un estante sobre la ropa que esta colgada en perchas 
- Como te decía antes – esto se lo dije un poco irritada por que me molesta mucho que la gente no preste atención cuando le estoy explicando algo – proba por Belgrano que es la calle principal, sino tenes una dirección no te puedo ayudar 
- Si le pregunto a mi novio se va a hacer el boludo y no me va a contestar – esto lo dijo para si misma sin prestarme atención – ¿vos sabes si los empleados se pueden sacar fotos dentro de las tiendas? – 
Cuando me pregunto eso yo seguía sin darme cuenta, solo la considere como una mina medio densa 
- Como poder pueden pero si los agarra el encargado se meten en problemas 
- No sabes los problemas que le voy a armar yo – lo volvió a decir para ella sin prestarme atención – no conoces una tienda que venda carteras y ropa? tiene que ser acá o en San Fernando 
En ese momento fue cuando caí,  la mina no estaba bien y si no me la sacaba de en sima rápido me iba a taladrar la cabeza por que seguía con su discurso que cada vez tomaba mas impulso, de repente se callo y se fue, la seguí con la mirada y la vi que se cruzaba con la hija de la dueña de la lencería que esta a mitad de cuadra, Clara, la flaca venia a devolverme una revista que le había prestado 
- ¿La conoces a esa mina? – me pregunto Clara
- No, vino a preguntarme por una tienda que vende carteras y ropa - le conteste yo 
- ¿Acá o en San Fernando? 
Me quede mirando la 
- ¿Como sabes? - le pregunte con una sonrisa 
- Estuvo ayer y antes de ayer en la tienda y me dijo que el novio quería poner una tienda de lencería, ella quería ayudarlo y quería saber como hacia para ponerla, acá en o en San Fernando, una pesada, no me la podía sacar de en sima, yo tenia que atender y ella seguía delirando con el novio 
Le conté la charla que había tenido con la loca y lo bien que me había caído después de la amarga anterior pero a Clara se ve que la había molestado bastante las dos veces que se la banco en la tienda por que no le causo ninguna gracia mi anécdota, solo deseo no volver a verla mas a la trastornadita, como la llamó, y continuo con su camino.
Al final con locura y todo la mina me había logrado quitar el mal sabor de boca que me había dejado la anterior, a pesar de que en un momento había logrado irritar me un poco solo fue por que creí que estaba cuerda y al pedo. Estas son algunas de las cosas que pasan cuando trabajas en un puesto de diarios.

jueves, 11 de noviembre de 2010

El tren se acerca Parte 3

La madre la golpeaba con un cinto y luego la enviaba a dormir sin cenar, este castigo era impuesto también cuando la pequeña era descubierta hablando sola o cada vez que se creyera oportuna la medida.
Con los años la amargura de Doña Leoncia fue creciendo sin pausas y silenciosamente, el desinterés de su esposo por “los asuntos de la casa”, como él los llamaba, también fueron creciendo, pronto comenzó a ir cada vez menos a su hogar buscando más trabajo que hacer en la comisaria.
Cada vez que Doña Alcira y Don Enrique tenían un momento pasaban juntos o cada uno por su lado a ver a su sobrina que pasaba grandes horas del día sola en su casa. Doña Leoncia había dejado de trabajar en la tienda a partir del momento en el que su hermana menor se había vuelto la dueña, solía trabajar limpiando casas y cociendo para afuera. En una o dos ocasiones los tíos encontraron a Carlota en compañía de un joven de veintitantos años, el muchacho había dicho a los tíos de la pequeña que la señora, la madre de Carlota le había pedido que cuidara de ella mientras que no estaba, también conto que se había mudado hacia poco al barrio, exactamente a dos cuadras pero no supo que mas decir. Por lo general cuando lo descubrían en la casa no hacia falta que le dijeran que se fuera, bastaba una mirada fría para que el chico se disculpara y saliera corriendo de la casa. Los tíos se preocuparon un poco por esta situación pero como vieron que la niña parecía estar bien, que lo único que parecía estar en peligro era lo que estaba en la alacena o en la heladera y que el joven desapareció al cabo de un año, no se molestaron en averiguar ni decir nada a nadie mucho menos a Doña Leoncia por que sabían que la mujer castigaría severamente a la pequeña.
Para cuando ambas primas cumplieron 10 años la cantidad de moretones que Doña Alcira encontraba en el cuerpo de Carlota, comenzaba a preocuparla. Aun así lo que más preocupación le daba era la actitud de la niña.
Ella nunca recordaba como se había golpeado, demostraba tener una excesiva pulcritud para la limpieza, siempre estaba sonriendo y les contaba a menudo a sus tíos que la habían visitado sus amigos pero para ellos aquello parecía un poco irreal por que sabían que su sobrina permanecía todo el tiempo en la casa cuando no estaba en el colegio.
Cuando Anabela cumplió los 12 años su cuerpo cambio y su mamá le explico los secretos de ser mujer. Luego de aquello Doña Alcira creyó conveniente hablar con su sobrina, solo por si las dudas. Un día le pregunto a Carlota si su madre le había hablado de aquellos secretos, la niña le respondió que desde pequeña conocía todos los asuntos relacionados con ser mujer. La respuesta no dejo muy satisfecha a Doña Alcira pero pensó que siempre podría ayudar a sobrina especial. 

martes, 26 de octubre de 2010

Epilepsia

Pedro es el segundo hijo de José y Alsira, su hermano mayor se llama José Manuel o Mel como solían llamar lo afectuosamente sus padres. Ambos hoy en día están cerca de los 70 años. 20 años menor Luis es el 3° hermano. 
A medida que Mel crecía se notaba su inteligencia y carisma pero no su secreta habilidad para manipular a sus padres o la gente que lo rodeaba, Pedro por otro lado no demostraba nada más que una notoria capacidad para distraerse fácilmente.
Cuando Pedro cumplió los 10 años le regalaron un piano por que para ese entonces un medico ya lo había revisado y como no había encontrado ningún problema dijo que no debía ser nada grave, que seguramente mejoraría si aprendía a tocar un instrumento. El muchacho andaba bien al principio a pesar de que le costaba un poco, independientemente de todo, el niño, debía practicar todas las tardes, cuando él terminaba su tarea José se sentaba en una silla que ponía detrás de su hijo para escucharlo practicar teniendo una varilla en las manos, cada vez que Pedro se equivocaba recibía un golpe.
Pedrito tenía 16 y continuaba practicando todas las tardes sin que José se diera cuenta de lo poco que le gustaba a su hijo el piano. Por aquella fecha Mel termino la secundaria con las mejores notas y se disponía a ingresar a la facultad pero más importante que todo eso fue el nacimiento del 3° hijo de la pareja, Luis.
Mientras que Mel solo estudiaba Pedrito estudiaba, trabajaba y, la más importante de todas sus responsabilidades, practicaba sus lecciones de piano, lo que significaba que debía aprender todas las piezas clásicas de los grandes maestros. Un día en medio de una lección se detuvo de improviso, su padre lo golpeo con la varilla sin obtener respuesta por lo que volvió a golpearlo, nada.
Cuando José se levanto violentamente de su asiento Pedrito reacciono, miro a su padre e intento pedirle disculpas por haber dejado de tocar alegando que no sabia que era lo que le había pasado pero era tarde, su padre ya estaba sobre él dando le una paliza. Este tipo de episodios se repitió con cierta frecuencia.
El padre había comenzado a pensar que su hijo quería rebelarse contra él sin saber que se detenía bruscamente en cualquier momento y en presencia de cualquiera sin siquiera reaccionar a los intentos de volverlo en si, él solo se quedaba mirando la nada.
A diferencia de su hermano mayor el joven no continúo estudiando por que su padre decía que ya había invertido mucho en él comprándole el piano que al parecer ya no valoraba.
El negocio de la familia, dos puestos de diarios y un kiosco, había comenzado a prosperar gracias a los esfuerzos de Pedrito, con la esperanza de que su padre no lo hiciera practicar tanto con el piano. En el trabajo era libre; repartía diarios temprano a la mañana antes de ir se al puesto de diarios que tenían a 4 cuadras de la casa, sobre la vereda de un supermercado, lejos del piano. Por las tardes a principio de cada mes, salía a cobrar las cuentas de los diarios en la bicicleta en compañía del perro callejero que había adoptado.
Una tarde, cuando tenia 21, Alsira interrumpió la practica de piano para pedir le a su hijo que fuera a llevar una revista a un cliente, su marido le dijo que se la diera a Luisito para que la llevara, pero la mujer alegando que era demasiado tarde y la dirección muy lejos consiguió que su 2° hijo fuera el que hiciera el trabajo, José se enojo bastante.
Pedrito se tomo su tiempo para ir y volver. Al regresar pensó en pasar por el almacén que había cerca de la casa para comprar le a su hermano menor unos caramelos que en el kiosco de su casa no había. Cuando estaba a 10 metros del lugar y podía ver a los 3 viejos tanos que se sentaban delante del negocio para conversar de futbol, su mente se detuvo.
Despertó en el hospital hablando incoherencias sin entender donde estaba o lo que le decían las enfermeras y médicos.
Con el paso del tiempo comenzó a mejorar pero reaccionaba mal a las visitas que le hacia su padre, se cubría la cabeza y lloraba. En una de las visitas que hacían los 3 tanos al pobre chico contaron a los padres y al doctor que había tenido que operar a Pedrito lo que habían visto; el muchacho se acercaba al almacén en la bicicleta cuando vieron que comenzó a sacudirse, luego se callo. El dueño se acerco, volvió corriendo completamente pálido y llamo a una ambulancia. Uno de los ancianos, Don Naza, dijo que cuando se acerco al pobre vio que tenia los ojos en blanco, había espuma en su boca y actuaba como si no pudiera respirar, también dijo que la cantidad de sangre que había por el suelo lo impresiono.
Los exámenes médicos que le habían echo al joven confirmaron los presentimientos que el doctor tenia desde que escucho a los ancianos y lo que Alsira le había contado de su hijo. El tenía problemas para aprender y se quedaba en blanco por que había nacido con epilepsia.
Con el tiempo Pedrito ya no decía tantas “tonterías”, como llamaba José a lo que decía su hijo, tampoco se ponía tan nervioso en presencia de su padre pero lo que comenzó a hacer hasta el ultimo día de su vida era mover los dedos de sus manos mientras que los tenia apoyadas en sus rodillas, como si estuviera sentado delante del piano.

miércoles, 13 de octubre de 2010

El tren se acerca Parte 2

Desde que salió del medico hasta que llego a su casa, donde se encontró con su hermana y el marido de ella, Don Enrique Guzmán, no cambio la seria expresión que su rostro había adquirido cuando le dieron la buena noticia. Sin esperar ninguna palabra de su hermana Doña Alcira conto que esperaba a su primer hijo con una enorme sonrisa. Doña Leoncia simplemente se quedo con la misma mirada que tenia hasta ese momento, después de unos momentos en los que se dio cuenta de que su hermana y su cuñado esperaban que dijese algo, conto que ella también estaba embarazada como quien comenta que tiene un nuevo trapo para fregar.
Las hermanas se miraron a los ojos como no lo habían echo desde que su madre las había separado, se conocían demasiado bien como para no darse cuenta de la alegría de una y la amargura de la otra.
A finales de 1957 y con un mes de diferencia ambas hermanas dieron a luz.
Cuando Doña Alcira y Don Enrique llegaron a Buenos Aires vivieron un tiempo en la habitación que anteriormente había ocupado Doña Leoncia en casa de su tía, la joven Alcira se puso a trabajar inmediatamente en la tienda de ropa de Doña Ester, mientras que su marido encontró trabajo en una carpintería cerca de la casa.
Doña Ester se había casado pero jamás había tenido hijos luego el marido murió dejando la sola. Fue cuestión de tiempo para que le tomara cariño a aquella muchacha hija de su cuñada, pero después de todo como no lo iba a hacer si era una “rica chica”. Al cabo de un año la tía postiza le regalo a la pareja un trozo de la propiedad para que edificaran y 5 años después, antes de morir, les dejo todo cuanto poseía. Doña Leoncia se trago aquello como si fuera un bicho aun vivo que peleaba por su vida en la garganta de la mujer mientras que baja lentamente hacia su estomago. Por aquel entonces nadie, salvo, quizás, su hermana, se había dado cuenta de los sentimientos que se gestaban en su interior.
Anabela creció en el seno de una familia muy amorosa, cada vez que se podía le compraban algún juguete que quisiera. A pesar de eso la niña no fue una pequeña malcriada, siempre se dedico por completo a sus estudios y jamás demostró tener ningún tipo de maldad en su corazón. Ayudaba en su casa y cuando aprendió a utilizar la aguja y el hilo se puso a trabajar de vez en cuando junto con su madre en la tienda, siempre y cuando no la llamaran sus amigos para jugar. De todas las personas que la rodeaban a la que siempre quiso más que a nadie era a su prima Carlota.
Carlota tenia una vida completamente diferente a la de su prima, se levantaba bien temprano y limpiaba un poco la casa antes de ir al colegio, no tenia ningún amigo salvo su prima. Desde temprana edad demostró haberse obsesionado con la limpieza. ¿Pero como no iba a suceder eso si la castigaban terriblemente cuando cometía hasta el mas mínimo error? 

martes, 5 de octubre de 2010

Sábado 04 de septiembre de 2010

Me acosté a eso de las 11 p.m. después de bañarme, 30 minutos después estaba durmiendo. Mi cama esta ubicada contra una de las paredes de la habitación, la de mi mamá contra la otra pared y el colchón de Ulises, mi perro, esta en medio.
A veces uno tiene la sensación de cerrar por unos breves instantes los ojos y cuando los vuelve a abrir mira el reloj y se da cuenta de que no pasaron segundos sino horas. Cuando mire el despertador los números en rojo de la pantalla anunciaban la 3.33 a.m.
¡Carajo!
No se por que solo yo los puedo sentir y ver y tocar y oler y espantar y golpear o curar. ¿Por qué ni mi fiel amigo puede, como yo, sentirlo, si apareció delante de él, detrás de mí?
Al principio era una sombra sin forma, humo negro, que gemía y se movía como si una suave brisa soplara en la habitación, estirando hacia mi lo que parecía un brazo. El miedo me tenía paralizada, estaba de espalda a esa cosa, pero no lo suficiente como para no poder desplegar mis alas, solo pude mantenerlo a raya. Intente lastimar a esa cosa con la punta de las plumas como si fueran navajas pero no estaba logrando nada. Intente, no sin algo de dificultad, darme vuelta al mismo tiempo que sacaba mis cuernos; de color negro, como los de una cabra de las montañas están enroscados en espiral, son de hueso macizo. No sirvió de nada y casi no podía moverme, me deje caer en la cama y estire violentamente mi cola con el arpón de la punta firme para atravesarlo pero no lo conseguí, como ya dije; parece estar echo de humo. Continúe intentando defenderme batiendo mis alas.
Por fin pude darme vuelta y aquel espectro o lo que sea había desaparecido. Me levante y fui a la cama de mi mamá buscando refugio, ella sabia que había algo pero no sabia qué, levanto las sabanas y me acosté poniendo mi espalda fría contra su pecho, volví a sacar mis alas y atravesé su cuerpo, nos cubrí con ellas formando un escudo pero mi vieja me obligo a darme vuelta pensando en proteger mi corazón. Al pedo por que esa cosa ataca por la espalda, había aprovechado su momentánea desaparición para tomar una forma completamente definida.
Supongo que la desesperación fue lo que me llevo a saltar le en sima y agarrarlo del cuello que ahora tenia, vi su rostro claramente y parte de su cuerpo; tenia una camiseta común y un pantalón de jean, era alto flaco y pelado. Presione su cuello con ambas manos pero no parecía hacer le nada, comencé a golpear su cabeza contra la repisa que esta sobre la cama de mi vieja y a pesar de que sangraba él no parecía sentir dolor, sin pensarlo apoye mi dedo gordo de la mano derecha sobre la herida de la frente de aquel ser, presione con fuerza y deslice el dedo, la herida se había cerrado.
Desperté en mi cama con el cuerpo mojado de transpiración, de miedo, mire el reloj, 3.40 a.m., solo habían pasado 7 minutos.
Fui al baño, volví a la cama sin apagar la luz del pasillo y convencí a Ulises para que se acostara con migo. A pesar de tenerlo en mis brazos no logre relajarme, no pude volver a dormir en toda la noche por que el miedo se había instalado en mi alma.